El elefante, de Raymond Carver
Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano. ¿Qué necesidad tenía yo de más deudores…? Pero me llamó y me dijo que no podía pagar el plazo de la casa. ¿Qué otra opción me quedaba? No había estado nunca en su casa (vivía en California, a mil quinientos kilómetros de distancia); ni siquiera la había visto , pero no quería que la perdiera. Lloraba en el teléfono, y decía que iba a perder lo que había conseguido en toda una vida de trabajo. Dijo que me devolvería el dinero. En febrero, dijo. Incluso antes. En marzo, a más tardar. Dijo que estaban a punto de devolverle cierta suma que Hacienda le había cobrado de más. Además —dijo—, había hecho una pequeña inversión que daría sus frutos en febrero. Se mostró reservado al respecto, y no quise presionarlo para que fuera más explícito. —Confía en mí —dijo—. No te fallaré. Se había quedado sin trabajo en julio del año anterior, cuando la empresa donde trabajaba —una fábrica de aislamientos de fibra de vidrio— decidió despe...